martes, 13 de mayo de 2008

EL SUEÑO AMERICANO

Siempre he admirado, en cierta manera, a los americanos. Aunque soy muy crítica con ellos en algunos aspectos y soy consciente de la gran hipocresía de su forma de vida, en otras cuestiones me siento muy cercana a ellos.

Soy fanática del concepto del “sueño americano”. Desde pequeños, a los niños se les enseña a luchar por sus sueños, aunque sean la estupidez más inconcebible. Aquí hacemos lo contrario, desde pequeños les enseñamos a asumir que serán unos fracasados y que por muy buenas ideas o mucho talento que tengan, lo mejor es no arriesgarse.

Un americano asume el fracaso como parte del proceso del éxito. Casi todos los americanos que tienen ideas de emprender, lo hacen. Un español (no se si en general cualquier europeo), a pesar de tener una idea brillante, ante la más mínima insinuación en su entorno de crear una empresa innovadora, será asediado con historias de fracasos, ruina y bancarrota hasta hacerle desistir. Si su familia no consigue que desista, lo harán las trabas burocráticas que encontrará por parte de la administración.

El cine americano, está lleno de historias, bastante inverosímiles sobre proyectos asombrosos que los protagonistas llevan a cabo a base de imaginación, ilusión y algo de riesgo. Siempre acaban bien, aunque no consigan su objetivo, la moraleja es que intentarlo es bueno y que aunque fracasen, al menos aprenden algo:

- a valorar lo que tienen

- a valerse por sí mismos

- a conocer sus habilidades

- a cambiar un entorno hostil

- a sentar precedentes y abrir puertas a otros que quieran intentarlo

- a veces, incluso consiguen su objetivo.

Hay películas en que el objetivo es ganar un concurso de talentos, entrar en el equipo de animadoras, ganar 300.000 dólares en una semana, el concurso de ciencias del instituto, arreglar una casa en ruinas, salvar el mundo, encontrar un tesoro o fundar una universidad con valores nuevos y distintos. Me da igual el tema, pero casi todas las películas hablan de luchar por un sueño.

En cambio, nuestro cine nos enseña, por ejemplo, que una chica que quiera dejarlo todo y buscarse la vida en una ciudad como Madrid, o que pretenda convertirse en actriz, acabará, de puta en un club de alterne o de vuelta a su pueblo donde se resignará con su suerte. Nunca conseguirá ser actriz o cantante, o siquiera pagar el alquiler a fin de mes. Como mucho, aprenderá a conformarse.

¿Por qué se empeñan en vendernos esa idea hasta en la sopa? La realidad es que, pese a todos los obstáculos que nos encontramos, muchas veces conseguimos nuestros sueños o nos encontramos oportunidades increíbles por haberlos perseguido.

Me niego a ser el tipo de madre que “por el bien de mis hijos” les desencanto desde pequeños para que a los 15 años ya piensen que la única manera de garantizarse un futuro es aprobando una oposición.

Quiero enseñarles a ser felices no a base de conformarse con lo que hay, sino creando aquello que sueñan.

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